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Revista Zur / Volumen 3 N°1 / José Revueltas, la máquina de pensar.
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José Revueltas, la máquina de pensar. Análisis filosófico de sus metáforas fundamentales

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“Tarde de Elqui” de Jorge Mella.

Fecha

01 Julio 2021

Autor

Rafael González Alvarado

01 Julio 2021

Resumen:

Es claro que a más de cien años de la vida del escritor José Revueltas han existido diversas interpretaciones de su pensamiento, la gran mayoría a niveles muy particulares. Así, el principal objetivo de este artículo es mostrar las metáforas fundamentales en la obra revueltiana para orientarnos a su comprensión en conjunto, además de dimensionarlo dentro de la escena cultural de México. Para ello se muestran dos vertientes que dan sistematicidad a su obra, una enfocada a la importancia de la corporalidad desde el existencialismo de Unamuno y de Gabriel Marcel; la otra propia de José Revueltas, desde sus postulados sobre cinematografía para entender la creación de escenarios en su obra.

 

1. REDIMIR LA JOSÉ REVUELTAS, ESPECTRO DE LA CULTURA MEXICANA

En la historia, podemos decir reciente, de México la militancia política ha tratado de disociarse del trabajo intelectual. Muchas veces caemos en el error de entender a los intelectuales como aquellos constructores de quimeras apenas asibles para un puñado de personas, y en otro extremo vemos a la militancia política dando rumbo a los proyectos de nación. En esta investigación se busca dar un ejemplo del desarrolla alternado que puede tener un intelectual en la práctica social-política como en el desarrollo de su obra narrativa y cómo ambas esferas se tocan constantemente. Es en este sentido que se buscará explorar los rasgos más importantes del pensamiento de José Revueltas (1914-1976), sistematizando su obra en conjunto, tanto la de corte narrativo, como la teoría política, trasminada intensamente por los rasgos filosóficos del materialismo-dialectico bajo los que se formó.

Así pues, esta investigación está dividida en tres bloques. En primer lugar, se realizará una breve revisión biográfica para mostrar el aporte intelectual de Revueltas, tratando de hacer notoria la influencia recíproca entre su pensamiento y el desarrollo cultural y social del país. En segundo lugar, se revisarán las metáforas que consideramos engloban el entramado total de la obra revueltiana. En tercer lugar, la relevancia que representa actualmente una relectura seria de este autor. En tiempos coyunturales siempre nos es pertinente recurrir a los intelectuales que nos han ayudado en la crítica y búsqueda de la verdad. De tal modo, mostramos un panorama intelectual amplio con el propósito de revisar las posibilidades que aperturó para analizar y criticar la circunstancia en la que desarrolló su obra.

José Maximiliano Revueltas Sánchez nace el 20 de noviembre de 1914, autor sumamente contestatario en la escena intelectual del siglo XX mexicano. A raíz de los festejos por el centenario de su nacimiento en el 2014 podemos notar un resurgimiento de su obra literaria desvirtuando la imagen rebelde del autor originario de Santiago de Papasquiaro, Durango.3 Los albores de la Revolución mexicana merman el status económico de la familia Revueltas, de padre comerciante, lo cual los obliga a trasladarse a un barrio de la Ciudad de México donde habita el lumpen proletariado. El joven Revueltas observará un entorno de miseria, desigualdad, racismo y discriminación, como será narrado en el cuento “El colegio alemán”, cuento autobiográfico del cual solo se rescata un extracto y narra su breve paso por las aulas, de ahí en adelante la formación de Revueltas será autodidacta, lo cual perfiló desde los trece años su militancia política. Es de agregar el impacto que sus hermanos, Fermín y Silvestre4, tienen en el joven José Revueltas, pues al ser mayores que el autor de Los muros de Agua crecerá observando la militancia de los dos artistas, pintor y músico respectivamente. Su pensamiento es autónomo, encausado siempre por intereses de los movimientos marxistas; Anguiano llega a mencionar sobre los inicios de la labor intelectual de Revueltas, cierta ingenuidad, carencia de comprensión y optimismo, incluso (Anguiano 30). Es en este punto donde debemos ser cuidadosos en la observación de Revueltas, pues,reiteramos que es él quien configura su visión del marxismo y la militancia política a una edad extremadamente joven y no será trastocada por los teóricos marxistas en las aulas, o bien lo hará de los dirigentes directamente, como Lombardo Toledano a quien consideraba su maestro; evidentemente irá refinando mediante lecturas su postura política, la idea misma de la sociedad mexicana y el contexto global se transformará con el transitar de los años.

Respecto a lo anterior, la efervescencia política y social fueron una constante en la vida del autor duranguense, a tal grado que para 1929, Revueltas de 15 años era participe de una huelga, razón por la cual será apresado a causa de rebelión, sedición y motín por primera vez, liberado seis meses más tarde gracias a su corta edad. Mientras, José Vasconcelos está buscando la dirigencia del país en ese mismo año. Realidades distintas de una causa mutua: el país tiene que cambiar. De forma simétrica, también debemos recordar que el denominado “movimiento cristero” o “Cristiada” se está gestando en Jalisco, Colima y Michoacán, y para ese año alcanza una fuerza de 20,000 hombres y mujeres; tal es el ambiente en el que se desarrolla la adolescencia de este escritor. Todo ello nos indica el constante quiebre con los ideales revolucionarios y las contradicciones mismas dentro de este movimiento que serán motivo de reflexión permanente en Revueltas, desde el análisis directamente político, como en el Ensayo de un proletariado sin cabeza (1944) o México una democracia bárbara (1958), o bien desde metáforas que rodean estas problemáticas en sus guiones cinematográficos como El rebozo de soledad (1952) o Tierra y libertad (1960), obras de teatro, novelas y cuentos, donde cobran relevancia especial El luto humano de (1943) y el cuento Dios en la tierra (1941), íntimamente ligados con los problemas acarreados por la Guerra cristera.

Quizá este lapso, que podemos catalogar desde 1910 hasta los primeros años de la década de los 70’s, es cuando se da la más amplia producción cultural en el país y en la cual juega un papel importante Revueltas. Poco más de medio siglo en el que se busca ordenar, proponer y restructurar, desde distintas esferas una sociedad mexicana que no lograba una conciliación entre los ideales revolucionarios y las prácticas de sus dirigentes. En este sentido el Ateneo de la Juventud jugará un papel de suma importancia en la dirección de la educación en México con Vasconcelos y Antonio Caso al frente de la Universidad en los años 20´s. De esta forma se lograrán contrapesos entre la intelectualidad y la política en México. Por otro lado, en un ambiente mayormente culturista surgirán los movimientos de los Contemporáneos y Los Estridentistas en la década de los 20’s, enfocados en la renovación de las artes y la cultura del país, a tal grado que en 1934, Samuel Ramos publicaba la primera edición de su Perfil del hombre y la cultura en México, obra fundamental para el análisis y la crítica del mexicano, en años anteriores las artes se habían enfocado en la exaltación de los logros de la Revolución o bien en debatir las ideas positivistas y no en la crítica y el posicionamiento del mexicano como sujeto de análisis, el trabajo de Ramos es sin duda un antecedente fundamental dentro de este tema. Esto dio apertura a un clima de ideas que en años posteriores originará un pensamiento crítico sobre la mexicanidad; así, para los años 50’s el grupo filosófico Hiperión se encargó de la búsqueda de la identidad nacional, dicho grupo presentó una serie de charlas sobre México y lo mexicano incluyendo al propio Revueltas en una de ellas, así, Zea describirá una curiosa anécdota sobre la participación de Revueltas, a quien califica como un endemoniado en un artículo de nombre análogo:

En 1951 se pusieron en marcha varias conferencias sobre el ser y la cultura del mexicano, en las que se formó el grupo filosófico Hiperión. Revueltas fue invitado a dar una conferencia, lo que aceptó con mucho entusiasmo. Tartamudeó algunas palabras y, poniendo la cabeza sobre la mesa de conferencia, empezó a dormir profundamente. No necesitaba palabras; la gente, sorprendida, le dedico una ovación. (Zea párr. 6)

Cabe señalar que Revueltas había realizado una crítica a la forma de examinar la mexicanidad por los intelectuales de dicho grupo, de quienes refiere a su producción como “literatura barata de salón” en su ensayo Posibilidades y limitaciones del mexicano de 1950, un año antes de lo mencionado por Zea, escrito en que se plantea a la mexicanidad desde las condiciones materiales que circundan a sujetos reales y actuantes.

Revueltas logra desarrollar su pensamiento en el inter de desgarraduras políticas, a la par de la modernización de los movimientos intelectuales mexicanos. Justamente para 1930 ingresa al PCM, dos años después será encarcelado por su participación en manifestaciones y la clandestinidad a la que estaba sujeto en ese entonces dicho partido, su carácter disidente lo llevaría a ser arrestado en 1934, nuevamente. Ese transitar entre los muros y la libertad marcaría hondamente el desarrollo de su pensamiento. Es de tener en cuenta que es en su arresto de 1934 cuando concibe su primera novela, Los muros de agua, basada en el periodo carcelario que vive en Las Islas Marías, publicada hasta el 10 de mayo de 1941 en honor a su hermano Silvestre, y es también gracias a los movimientos estudiantiles de 1968 cuando adquiere mayor presencia en el ámbito cultural mexicano hasta su muerte en 1976 sumamente deteriorado físicamente, haciendo de su funeral una revuelta en sí misma, pues los jóvenes comenzaron a gritar proclamas en contra del secretario de educación, Víctor Bravo Ahuja, culpando al gobierno de la persecución política a la que se sometió a Revueltas durante toda su vida y la falsa reivindicación del personaje en su funeral5.

Como se veía en líneas anteriores, Revueltas mantuvo en una tensión constante el pensamiento de su época, tratando de no desinhibirse y buscando ampliar la comprensión de todas las esferas de conocimiento que tocó, enarbolando siempre la bandera de la disidencia y la autogestión. Debemos entender que él mismo no se definía dentro de una ideología rígida (trotskista, de izquierda, o anarquista) sino simplemente como un hombre político. Ese es, en buena medida, otro de los aspectos llamativos para el análisis de la obra revueltiana, pues hasta sus últimos días Revueltas se dedicará a la práctica política. De tal forma, colabora, funda y organiza alrededor de nueve organizaciones entre políticas e intelectuales, de las que destacan: el Partido Comunista Mexicano (PCM), el Partido Obrero Comunista Mexicano (POCM), la Liga Leninista Espartaco (LLE), Juventudes Socialistas Unificadas, el grupo Marxista Insurgente el cual da origen posteriormente a la efímera Liga Socialista Mexicana (LSM), Partido Popular (PP) que lo llevara a competir como candidato a una diputación en 1949 y en el mismo año como dirigente de la sección de autores y adaptadores del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica (STPC) y un sinfín de periódicos y revistas. Siempre absorbido de alguna forma por la militancia o las ocupaciones propias de su labor intelectual, Revueltas supo darle el sentido propio a sus trabajos reflejando su circunstancia particular, como en el caso de Los días terrenales (1949) que logra un análisis severo tanto de la realidad mexicana, como de los problemas internos del PCM, lo que lo llevarían a su posterior expulsión, como en casi todas las organizaciones antes mencionadas, a pesar de que él mismo fundó algunas –como la LLE-. Un año más tarde, en 1950, se estrenaría su obra El cuadrante de la soledad, obra icónica por contenido y realización, criticada severamente también, la escenografía estuvo a cargo de Diego Rivera y fue dirigida por Ignacio Retes. Estas dos últimas serían retiradas de la escena pública por José Revueltas debido a la fidelidad de quien consideraba su maestro, Lombardo Toledano, y su amigo Enrique Ramírez y Ramírez, pues la novela de Revueltas, con una fuerte carga de marxismo crítico, es contraria al marxismo estalinista que promulgaba Lombardo Toledano y causo desavenencias entre ambos. A principios de los 60’s, José Revueltas, estará por un periodo de tiempo relativamente corto en Cuba invitado por el Instituto Cubano de Cinematografía (ICAIC). Es pertinente recordar que en esa década Revueltas se irá aproximando en producción y desarrollo intelectual al movimiento estudiantil de 1968 que lo llevará hasta su época de mayor aceptación por jóvenes que comenzaban a darse a conocer en la escena intelectual, en quienes influirá profundamente. La vida de Revueltas resulta icónica, no sólo por la vasta obra realizada, sino por mantener dicha obra adaptándose y polemizando el contexto en el que se desarrolló.

2. JOSÉ REVUELTAS O LA ENCARNACIÓN DEL PENSAMIENTO

Es así como una vez planteado grosso modo el contexto en el que se desarrolla el pensamiento y la obra de Revueltas se dará paso al análisis de las que consideramos sus metáforas fundamentales, para ello es pertinente comenzar con algunas indicaciones generales respecto a la obra en su totalidad. De esta forma, conviene iniciar preguntándonos, ¿por qué decir que Revueltas simboliza lo que aquí definimos como la encarnación del pensamiento? En este apartado mostraremos vías por las que se puede analizar la obra revueltiana, sin olvidar las diversas corrientes que conforman su pensamiento, las cuales son, principalmente: el existencialismo, una lectura profunda de Dostoievski, los clásicos españoles y la literatura Latinoamérica de su época, ya se había mencionado la lectura del materialismo-dialectico y la filosofía de Hegel6; todo ello será fundamental para darnos una idea de la carga teórica de este personaje.

Regresando al cuestionamiento anterior, la metodología más adecuada para esgrimir lo obtuso del pensamiento de Revueltas es el existencialismo de Unamuno y de Gabriel Marcel. Por un lado, Unamuno, nos indicará que:

Hay personas, en efecto, que parecen no pensar más que con el cerebro, o con cualquier otro órgano que sea el específico para pensar; mientras otros piensan con todo el cuerpo y toda el alma, con la sangre, con el tuétano de los huesos, con el corazón, con los pulmones, con el vientre, con la vida. Y las gentes que no piensan más que con el cerebro dan en definidoras; se hacen profesionales del pensamiento. (Unamuno 296).

La obra literaria de Revueltas hará notorio cómo el autor no busca idealizar o ficcionar la realidad7, contrario a ello, hay en su literatura una apropiación de la realidad muy personal, a tal grado que se genera en sus escritos un diálogo constante entre las experiencias del autor y los escenarios, los contextos y los contenidos de su obra. En síntesis, Revueltas escribe desde su existencia misma. Sin duda, el autor originario de Durango es reflejo de aquel “hombre de carne y hueso” planteado por Unamuno, sin que por ello se le quiera clasificar en uno u otro género, él mismo explicará en “a propósito de los muros de agua” su preferencia por denominar su obra como realismo literario, o bien como un realismo dialéctico-materialista. Según lo relata en el texto mencionado, la realidad a sus ojos resulta siempre un poco más fantástica que la literatura. Podemos decir que vivimos una realidad dislocada, fragmentaria, parcial, en tanto que el sujeto de las experiencias solo tiene una forma de percibir las cosas: la suya propia, mientras que en la construcción literaria tenemos una mayor diversificación de enfoques a partir de los sucesos de cada personaje que nos permiten una comprensión plena de la realidad. Es por ello que sus personajes son sumamente desgarradores: presos, prostitutas, delincuentes, drogadictos, incapacitados de alguna forma; personajes que, recordemos, son parte de una realidad generalmente negada, los cuales persisten en su narrativa.


Otra forma para explicar lo hasta aquí analizado es su trabajo sobre cine de 1965, El conocimiento cinematográfico y sus problemas, pues en dicha obra veremos cómo las metáforas funcionan como imágenes contrapuestas, multiplicidad de objetos y cuerpos que nos ayudan a la aprehensión de la realidad. Así, el propio Revueltas dirá que:

Los grandes escritores ―ha dicho Maurois, y habría que extender el concepto a todos los artistas―, emplean palabras no para bosquejar mundos imposibles, sino para evocar y establecer el mundo verdadero. Este mundo verdadero que el arte revela según Maurois, es ese que, sin decirlo, sin pronunciarlo, sin oírlo, se escucha con los puros sentidos del corazón, porque el arte usa las cosas visibles y audibles para mostrar las cosas invisibles e inaudibles. (Revueltas El conocimiento cinematográfico 9).

Lo anterior como un complemento de las ideas generales del espectro de la obra revueltiana; ahora bien, metodológicamente este tratamiento, escindido entre la teatralidad y la cinematografía, funciona como un conjunto de imágenes que se van contraponiendo para tratar de esgrimir metáforas sobre la realidad circundante del autor, expuesto en el texto antes citado. En esa forma narrativa precisa para la creación de escenarios, de imágenes y de personajes claramente determinados psicológicamente que introducen al lector en la narración es donde encontramos una vía de interpretación de los planteamientos de Gabriel Marcel en la obra de Revueltas, pues para el existencialista francés, nuestro estar en el mundo cobra un carácter vivencial, o bien una realidad viva. Lo cual es en gran medida el propósito de la obra de Revueltas, pues a través de la reiteración y la acumulación de las vivencias de los personajes busca acercarnos de la forma más fiel posible la realidad.

Además de la idea anterior, para Marcel, pensamiento y sensación se conjugan en una unidad: el cuerpo; aunque tenemos que ser precisos al respecto, pues no se disocia en la esfera del ser (soy cuerpo) y del estar (tengo un cuerpo), sino de una manera coordinada, yo soy mi cuerpo. De tal forma, la validez de una interpretación de la obra de Revueltas mediante la idea planteada aquí sobre Marcel se dará en las dos metáforas que encontraremos de forma insistente en la obra revueltiana; la de la cabeza sin cuerpo, la cual juega un papel importante en el análisis de la teoría política de Revueltas, y en segundo lugar la del mundo- prisión como nombra Philippe Cheron a este rasgo fundamental (Cheron 19). Sin duda, el rasgo más determinante de la obra revueltiana, ligado a la construcción de escenarios, será hacer visible cómo el sentir particular de los personajes conlleva una forma de pensar ligada a su corporalidad desde las vivencialidades de cada uno, pues en la individualización mencionada en líneas anteriores serán notorias las vivencias particulares de cada personaje. Primero atenderemos a la metáfora de la cabeza sin cuerpo, la cual da su nombre al Ensayo sobre un proletariado sin cabeza (1960); a grandes rasgos dicho ensayo plantea la necesidad de concebir una teoría marxista estable para dirigir al proletariado; es decir, sin una idea clara, una cabeza pensante, la masa obrera estaría dispersa y no lograría los ideales marxistas de superación del capitalismo mediante la unión del proletariado, no existe el orden sin una idea que articule los anhelos revolucionarios, forma y materia coexisten ineludiblemente. Esta metáfora, aparece desdibujada en un gran número de su prosa, anterior y posterior al Ensayo, configurado a través de cuerpos insanos, personajes parcialmente carentes de visión o la simbólica “bandeja de Salome” o “charola del Bautista”. Elementos simbólicos que proyectan la insalubridad, los malestares, la enfermedad de un cuerpo y la falta de una cabeza que organice; de tal forma, personajes como, el Tuerto Ventura (Los días terrenales, 1941), Hegel: semi-enano como lo define Revueltas por su carencia de piernas (“Hegel y yo” 1971), Elena: nombrado así por ser un enano (Los errores, 1964), El Carajo (El apando, 1969), Amarillo de “La conjetura” (1941), entre otros. Todos ellos proyectan la anatomía insana del proletariado, que se desmorona con cada palabra con la que los describe Revueltas. Lo cual, llega a su culmen con El carajo, uno de los personajes principales de la novela breve, El
apando:

[…] ya que valía un reverendo carajo para todo, no servía para un carajo, con su ojo tuerto, la pierna tullida y los temblores con los que se desplazaba de aquí para allá, sin dignidad, famoso en toda la preventiva por la costumbre que tenía de cortarse las venas cada que estaba en el apando, los antebrazos cubiertos de cicatrices escalonadas una tras de otra igual que en el diapasón de una guitarra, como si estuviera desesperado en absoluto –pero no, pues nunca se mataba-, abandonado hasta lo último, hundido, siempre en el límite, sin importarle nada de su persona, de ese cuerpo que no parecía pertenecerle. (Revueltas El apando 15).

Además de lo expresado en la cita anterior, a lo largo del desarrollo de El apando, El carajo denota rasgos de infantilidad, e incomodidad para Polonio y Albino sufrientes por la falta de droga, un personaje inservible para los otros dos presos salvo por el hecho de que su madre es la que ayudaría a meter la droga, detestable hasta los límites de lo soportable para los otros dos apandados. Ahora, si bien dicho personaje se hace presente en distintas narraciones y es característico de la metáfora que buscamos hacer notoria, en El apando se hace aún más evidente la metáfora del cuerpo sin cabeza con “la charola de Salomé”, es decir el postigo del apando que no le permitía ver nada al ojo izquierdo –y en el que El carajo está imposibilitado para ver por su ojo tuerto-, con la cabeza ladeada, tortuoso para alguien de las dimensiones de Albino, quien tenía que mantenerse encorvado y en una posición ridícula por su tamaño. Es de llamar la atención en este sentido el Fut, personaje con el que se inicia el cuento Hegel y yo, quien después de asesinar a una persona conduce su cabeza a puntapiés hasta un basurero, pero como un acto que entra en tensión con lo aquí expresado sobre la cabeza sin cuerpo, pues el mismo Revueltas dirá que en el acto realizado por el Fut se vuelve a un estado de puridad en el que no se sabe nada.

Aunado a lo anterior, Revueltas logra una metáfora característica de su narrativa que la posicionará como un género particular en la literatura. Anclada en la dimensión corporal tanto de los personajes como del mismo Revueltas, pero que muchas veces la trasciende, trasladándose hasta una categoría metafísica. El proceso para sistematizarla va desde lo más elemental, la conciencia del encarcelamiento corpóreo, hasta trasladarlo a una categoría fundamental. Revueltas comienza a darle forma a su metáfora del mundo prisión desde su primer arresto en el tutelar para menores; esto será reflejado en las dos versiones de lo que pudo ser su primera novela “El quebranto”, hasta llevarlo a su máxima expresión en la antología de cuentos Material de los sueños. Comencemos a desbrozar esta metáfora desde la existencia misma de Revueltas.

En 1969 se publica el cuento El reojo del yo, estructurado según la dialéctica hegeliana, en el cual Él y Yo, los personajes, niegan y afirman constantemente la existencia de uno y otro. Mientras uno escribe, el otro observa lo que hace, mientras uno lee, el otro escucha con atención, así con todas las acciones de ambos personajes. Es evidente que Revueltas se posiciona dentro de la narración debido a que está ambientada en una isla –elemento característico de la individualización-, de tal forma que se coloca como sujeto de estudio atendiendo a las “actividades secretas” que sólo “Él” y “Yo” conocen, como el acto mismo de defecar. En síntesis, esta narración explora el encierro de Revueltas, el final de la narración vuelve evidente este hecho, con la exclamación potente: “Porque estoy solo, siempre he estado solo, y Él no ha existido jamás”. El encierro en esta esfera no es solo el hecho empírico de estar tras las rejas, sino la conciencia de la existencia y el pensamiento en la dimensión corpórea mediante los actos más privados del sujeto. No es casualidad el hecho de que Revueltas eligiera la exposición del acto de defecar, en ello se apela al reconocimiento de poseer una corporalidad a la que estamos sujetos, pero que en un movimiento dialectico nos enajenamos de dicha corporalidad. En las breves líneas de El reojo del yo se traza al cuerpo como la metáfora más primigenia del encarcelamiento10. De forma más evidente Revueltas será el interlocutor de Hegel en Hegel y yo, explorando así el diálogo del autor con sus ideas en tensión constante con su corporalidad, pues si bien el personaje de Hegel tiene una participación evidente durante la narración, Revueltas constantemente deja entrever ideas extraídas de la lectura del filósofo alemán, a la par también da cuenta de su corporalidad al describir la escena en la que vacía el estómago sobre sí mismo.

Esta metáfora del encierro es explorada en la obra revueltiana desde distintas perspectivas, llevándola hasta lo que podemos determinar como un “encarcelamiento zoológico”, lo cual se expresa en Los días terrenales, El apando, La multiplicación de los peces, Acuarium, signo de Ema (1974), Ezequiel o la matanza de los inocentes, Hegel y yo, entre otros. Toda la narrativa antes descrita es llamativa para esbozar dicho rasgo en la obra de Revueltas, sin embargo, será en el brevísimo texto Acuarium, signo de Ema donde se expresan con mayor potencia estas características. Atendiendo a esta metáfora el encierro se vuelve una condición enajenante primigenia, arrastrada por el hombre desde la primer pareja, aún más, desde aquellos primeros seres que habitaron la tierra; la obra revueltiana está plagada de alusiones al origen, la expresión “En el principio había sido el Caos” da inicio a Los días terrenales y resuena en varios de sus cuentos, de tal forma que en Acuarium, signo de Ema se menciona que los peces son los “eternos prisioneros del agua”, dando muestra de la imposibilidad de la libertad, ya que el encierro viene arraiga desde el origen mismo del hombre; atrapado en aquella “geometría enajenante” que tiende sus rejas sobre el mundo y en El apando termina aniquilando a Polonio y Albino convertidos en gladiadores enérgicos una vez sacados del apando por la huelga iniciada por sus compañeras La Meche y La Chata planteando una imagen brutal alusiva de esta metáfora. Otra característica representativa es la de ser mono y mona, “pareja de sucios monos”, impedidos para ser algo distinto por estar atrapados en una condición zoológica, que le da trascendencia al término, en tanto que la transfiere a una condición determinante del hombre, ser atrapado entre el animal y algo más. Este paso de la materialidad a la trascendencia como categoría fundamental se hará notorio al describir la condición de los monos –como nombra Revueltas a los celadores-, más presos que los reclusos que se encontraban en el apando, vigilados por los cientos de miradas, como una contraposición del panóptico, en la que no es la mirada vigilante la que no puede ser vista sino la que es observada. El último rasgo que describiremos en relación con esta metáfora es el ligado a la temporalidad.

El manejo de la temporalidad en la obra de Revueltas es sin duda motivo para un análisis más profundo. En prácticamente toda su narrativa nos permite examinar la metodología que aquí hemos propuesto, recordando que ésta se escinde entre la descripción de elementos que ayudan a la contraposición de imágenes, desarrollado gracias a sus trabajos sobre cinematografía, y la vivencialidad desde la perspectiva de Marcel. La breve exposición sobre el tiempo y el encierro es solo un intento de explicar este elemento de la mano de la metáfora fundamental que aquí se analiza. De tal forma, Revueltas logra crear un ambiente de letargo, de pesadumbre, con ritmos sumamente lentos reiterativos, pausados, casi agónicos, que son reflejo de la desesperación y la melancolía en la que están sumergidos los personajes. Los ejemplos más claros sobre esta idea se encuentran en sus primeros trabajos, siendo un referente claro El luto humano (1943), historia en la que todo es un andar a tientas (la oscuridad jugará un papel muy relevante en la narración), en un ambiente en el que los personajes parecen esperar la muerte simplemente, como se muestra al final, atrapados por la crecida de un río y con la tristeza a flor de piel por la muerte de una pequeña niña, los personajes, además, se someten a un mutismo agobiante; el tiempo en esta narración es el tiempo de los condenados, de aquellos en que los minutos no parecen avanzar y solo causa estragos en la corporalidad de los individuos. Un tiempo en el que la corporalidad se busca negar, como lo expresa en “El tiempo y el número” tanto en verso como en prosa, pues la versión en verso funciona como un esquema para el fragmento de relato ya que Revueltas no llego a concluirlo, así en el poema dirá lo siguiente:

Llegará ese día en que ya no tengamos
el cuerpo disponible y en que todo
lo pasado no sea sino un largo vacío,
montones de palabras dichas de otro modo
y lejanas voces, pensamientos y sombras
indiferentes y extranjeras.
(Revueltas “El tiempo y el número” 127).

Dicha deferencia a la corporalidad, solo es explicable de la mano del relato, en el que el tiempo cobra una inmensidad análoga al mar y en el que el principal objetivo es “volver a la matriz de la muerte y permanecer en su infinito claustro materno” para anular la condena que los enajena a tal grado que se llega a una pérdida de la identidad más básica que es el nombre, los presos son solo números; sin embargo, la condena se eterniza. Evodio, el personaje principal, lucha, reta, maldice, al mar, y en esa acción encuentra el sentido de su existencia, en el martirio de su cuerpo se refleja el sentido más abrumador del encierro: la condena a la vida; de tal forma, la muerte funciona como un acto liberador que es la síntesis del pensamiento de Revueltas. El desarrollo de la metáfora del mundo prisión se muestra como esferas de la realidad que en las narraciones termina en un movimiento dialectico sintetizado en la dimensión corpórea.

3. CONCLUSIONES

Las metáforas en la obra de Revueltas buscan mostrar distintas imágenes de la realidad. Insistimos en que no creemos haber expuesto todos los rasgos de su vasta obra con lo aquí presentado, contrario a ello buscamos aperturar el análisis de la obra revueltiana tomando como base los distintos elementos que la rodean. Las dos metáforas que aquí se describen son una clara muestra de la necesidad de comprender a Revueltas como un género aparte en la literatura mexicana. Su obra es compleja, con un estilo pocas veces visto en autores anteriores y posteriores a él, por forma y contenido, logrando siempre reunir una compresión global tanto de los escenarios y del perfil psicológico de los personajes. Reflejo de la circunstancia individual y social en la que se encontraba, es por ello que aquí se menciona que es un ejemplo del “hombre de carne y hueso” unamuniano, pensamiento y sentir jamás se disociaron en los escritos de Revueltas.
Tomar como base la corporalidad desde la perspectiva de Marcel para esbozar los rasgos principales de la obra de Revueltas permite verla como un sistema en el que se parte de la corporalidad hacia categorías que la fundamentan, siempre como un movimiento dialéctico; donde se inicia en la representación del cuerpo y se dirige hacia una idea trascendental, pero que a la vez, en síntesis, es negada; en el caso de la metáfora de la cabeza sin cuerpo se mostraron las distintas imágenes de cuerpos enfermos o alusiones a cuerpos faltos de cabeza que recorren la obra revueltiana para mostrar la necesidad de una idea, una teoría, que ayude a la dirección y unificación del proletariado, que finalmente es negada por esta imagen del personaje el Fut pateando una cabeza hasta un basurero como una muestra de los equívocos del comunismo mexicano. En relación con la metáfora del mundo prisión propuesta líneas arriba, el proceso va desde la dimensión corpórea de Revueltas y su sentir particular del encierro, hasta la asimilación como una categoría trascendental amparada en el tiempo y el encarcelamiento zoológico al que está condenado el hombre desde su origen mismo, entrando en contradicción en la negación misma del cuerpo representado por Evodio en El tiempo y el número.
Es de suma importancia notar la asociación entre narrativa y el contexto en su obra, a través del ojo crítico de Revueltas quizá se logre profundizar en el contexto actual, que es reflejo de la segunda metáfora aquí planteada sobre el mundo prisión; el mundo parece, por el momento, atrapado en la geometría enajenante, sin embargo, para Revueltas era de suma importancia plantear estas situaciones límite que imperan en su narrativa porque en ellas se juega constantemente lo humano de los personajes, su capacidad para entrar en contradicción con lo establecido, oponerse, rebelarse, por ello un posicionamiento de la capacidad narrativa de Revueltas nos puede ayudar a orientarnos hacia un modelo crítico de la circunstancia actual.

OBRAS CITADAS

Anguiano, Arturo. José Revueltas, un rebelde melancólico. México D.F.: UAM, 2019.

Escalante, Evodio. José Revueltas. Una literatura del lado moridor. México D.F.: Ediciones ERA, 1979.

Cheron, Philippe. El árbol de oro. José Revueltas y el pesimismo ardiente. México Ciudad Juárez, Chih.: Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 2003.

Revueltas, José. Los muros de agua y Dormir en tierra. México D.F.: Clásicos de la Literatura Mexicana, 1979.

—-. “El conocimiento cinematográfico y sus problemas”. Obras completas. México D.F.: ERA,1981.

—-. El apando. México D.F.: ERA, 2014.

—-. “El tiempo y el número”. Obras completas 11. México D.F.: ERA, 1981.

—-. Los días terrenales. México D.F.:ERA, 2009. Unamuno, Miguel de. Antología. Madrid: FCE, 1964.

Zea, Leopoldo. “Revueltas, el endemoniado”, Los días terrenales. Revueltas, José. Madrid: Colección Archivos ALLCA, 1991.

Información sobre el autor

Rafael González Alvarado

Candidato a máster por la Universidad Autónoma del Estado de México, México. Licenciado en filosofía por la misma institución.