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Revista Zur / Volumen 2 N°2 / Esta bruma insensata: la aspiración de ser original y auténtico
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Esta bruma insensata: la aspiración de ser original y auténtico

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Fecha

01 Diciembre 2020

Autor

Walter Zuta

01 Julio 2021

Se puede afirmar que el tema medular de la obra narrativa de Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) es la propia literatura. En su escritura despliega una constante reflexión no solo acerca de lo que ella significa y representa en nuestras vidas, sino también acerca de lo que conserva y pierde con el paso de los años como manifestación artística. Al mismo tiempo que hace literatura, Vila-Matas cuestiona su razón de ser, poniendo en tela de juicio la importancia que se le atribuye y planteando una duda permanente acerca de su vigencia en el futuro. Pero, tal como la crítica y los estudios sobre su obra revelan, hay también en su escritura un notorio interés por explorar esa frontera difusa que separa la realidad de la ficción, como parte de lo que se ha dado en llamar metaficción2. Así, la más reciente novela del escritor español se mantiene dentro de ese campo narrativo.

Esta bruma insensata gira alrededor de una historia sencilla. Simon Schneider, traductor y especialista en recopilar citas literarias, se ve a sí mismo como uno de los artífices del éxito en ventas alcanzado por Gran Bros, un misterioso autor barcelonés, de quien solo se sabe que vive en Nueva York y a quien nadie ha visto en mucho tiempo. Durante veinte años, este “artista citador” ha mantenido con el aclamado escritor un vínculo laboral frío y distante, a pesar de ser su hermano: Simon le provee de citas y, de vez en cuando, de sutiles sugerencias narrativas para sus novelas, pero solo a través de correos electrónicos y a cambio de un pago irrisorio. La tarde del viernes 27 de octubre de 2017, Simon recibe un correo de Gran Bros, en el cual éste le pide reunirse con él en Barcelona ese fin de semana. Coincide la llegada de ese mensaje con un bloqueo mental que experimenta ante una frase que intenta traducir y que no sabe cómo continuar, mientras se debate entre abandonar o no el caserón donde vive, ubicado al borde de un acantilado en las afueras de Cadaqués. Así, la historia narrada en la voz de Simon transcurre en apenas tres días, a partir de recuerdos, divagaciones, conjeturas y hechos insólitos que lo conducirán hacia el encuentro con su hermano Rainer, el Gran Bros, su gran antagonista. El trasfondo político (la fallida proclamación de la independencia catalana) y el trasfondo existencial que agobia a los hermanos en su encuentro final, generan un ambiente de incertidumbre, cargado acaso de insensatez, donde ambos cuestionan el rol que cumple la literatura en sus vidas.

La gran pregunta que recorre la novela es la siguiente: ¿Para qué escribir?3 Y la respuesta no es definitiva, ni mucho menos clara: se vislumbra, se intuye, se atisba como cuando se intenta ver algo en medio de una bruma que envuelve y distorsiona los contornos y los límites de las cosas. Cabe pues recordar que en varias entrevistas Vila-Matas ha afirmado que la escritura es un proceso continuo de imitación, en el cual cada escritor es un eslabón en la cadena ininterrumpida de la tradición. Y, si seguimos su punto de vista, podemos establecer que se escribe sobre lo previamente escrito, como si se diera forma a un palimpsesto a través del cual un nuevo texto se superpone a otro, pero sin borrarlo por completo, ya sea para complementarlo o para dejar en evidencia una irreconciliable oposición.

Pero escribir es una elección individual que supone la resolución de dos dilemas. El primero surge ante dos alternativas: escribir o simplemente no hacerlo; el segundo, en cambio, nace ante dos posibilidades: seguir escribiendo o desistir de ello. La elección, en el primer caso, exige aptitud y/o habilidad para materializar a través del lenguaje una potencialidad creativa; en el segundo caso, en cambio, implica tener la disposición para seguir destinando energía en su ejercicio. Ante esa disyuntiva habrá una actitud que revelará un estado de ánimo, una postura, una convicción. Ser conscientes de la existencia de ambos dilemas nos lleva a intuir que hace falta una razón de ser para la escritura, porque resulta difícil concebirla sin que en ella se manifieste una necesidad o un deseo.

Esta bruma insensata explora los efectos de este segundo dilema, mostrándonos la tensión que opera en el escritor, sea exitoso y famoso (Gran Bros) o fallido e ignorado (Simon Schneider), ante la posibilidad de mantener o abandonar la fe en la escritura como mecanismo de liberación que facilite algún tipo de trascendencia, pero ¿liberación de qué? Además, ¿qué tipo de trascendencia? Liberación tal vez de conflictos o herencias familiares, o de errores u omisiones del pasado cuyos efectos aún se manifiestan en el presente. Trascendencia, quizás, en el sentido de ir más allá de la experiencia personal (y escapar del mero psicologismo) para abordar los grandes temas que siempre han obsesionado al ser humano, tales como el amor o la muerte, y dejar un registro de ello.

Vila-Matas plantea esas preguntas valiéndose de dos personajes que adoptan roles antagónicos. Uno de ellos opta por ser el autor famoso inmerso en toda una maquinaria editorial de alcance mundial, que más que lectores genera admiradores y seguidores; el otro, en cambio, opta por ser el autor desconocido cuyo trabajo se limita, en gran medida, a la autocomplacencia, al margen de cualquier reconocimiento. Pero todo ello, que podría ser un tema manido en literatura, revela tan solo la superficie del tema de fondo: la posibilidad de conciliar la búsqueda de la originalidad con la aspiración de ser auténtico. Y en efecto, en las cinco “novelas veloces” que escribe Gran Bros predominan las citas literarias proveídas por Simon Schneider y, por tanto, se podría entender que la intertextualidad inherente en su obra la engarza con una tradición, pero ¿cuán originales son sus novelas? Más aun, al incorporar en su obra las ideas de “otros”, ¿cómo se alinean éstas con sus propias ideas?

¿Cuánto de Rainer Schneider hay en Gran Bros y en sus novelas?

La novela de Vila-Matas habla sobre sí misma (metaliteratura). Está construida también con el soporte de citas literarias que su narrador, Simon Schneider, recuerda y concatena en medio de su discurso: ellas tienen el efecto de clarificar su pensamiento y hacer que fluya lo que intenta contar. De ese modo, Vila-Matas deja constancia de que toda historia se construye como parte de un devenir que siempre sobrepasa cualquier hecho particular, donde lo original se torna, muchas veces, inalcanzable, esquivo, inubicable, ausente quizás. Pero si la originalidad de la obra literaria, entendido como su carácter germinal, único y novedoso, se erige necesariamente a partir de algo ya existente, ¿qué queda? Pues quizás solo la posibilidad de que su autor aspire a ser auténtico.

Entonces, ¿qué papel juega el lector consumidor de literatura y qué rol asume el crítico literario? Gran Bros no ha sido visto en veinte años y sus lectores lo conocen solo a través de cinco novelas que, sin duda, han logrado calzar con sus gustos y preferencias, lo cual explica el éxito en ventas. Al mismo tiempo, los críticos han intentado definir el estilo y la estructura narrativa de sus novelas, tratando de establecer criterios objetivos que les dé justificación para alabarlas o denostarlas. Pero ¿quién es realmente Gran Bros, no solo para los lectores y críticos, sino también para el propio Rainer Schneider?

Así, a lo largo de la novela, Vila-Matas juega con la ambigüedad como elemento que conduce el curso de lo narrado. Plantea, de ese modo, no solo la imposibilidad de definir la originalidad de un escritor sino incluso su autenticidad, poniendo en duda la posibilidad de hallar una diáfana correspondencia entre la ficción y la realidad. Porque al igual que Pynchon o Salinger, Gran Bros es un autor que apela al anonimato, escabulléndose de los medios y manteniendo un aura de misterio acerca de quién es en realidad. ¿Y acaso ello no es un recurso literario más? ¿El ocultarse o ausentarse no sería un modo de alimentar a la ficción?

Llegados a este punto, ¿para qué escribir? O, mejor dicho: ¿para qué hacer literatura? Esta bruma insensata esboza una posible respuesta no definitiva y, sin duda, incompleta: es quizás en la literatura donde podemos desplegar ese esfuerzo inagotable por apropiarnos de algo que nos falta. Y tal vez esa sensación de ausencia nos acompaña siempre y nos alienta a embarcarnos en la tarea de construir aquello que no está (aún) al alcance de nuestros sentidos y de nuestro pensamiento. Para ello, el lenguaje es vital. Pero, claro, Vila- Matas deja esa inquietud en la mente de nosotros los lectores (y, por qué no, potenciales escritores), en medio de una bruma que, muchas veces, nos impide ver quiénes somos en realidad y hacia dónde queremos ir.

 

Información sobre el autor

Walter Zuta

Perú, investigador independiente. 

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