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Revista Zur / Volumen 2 N°2 / “Una isla es una isla”
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“Una isla es una isla”: Palabras a propósito de la poesía de Omar Lara Mendoza

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Fecha

01 Diciembre 2020

Autora

Liany Vento García

01 Julio 2021

La librería del poeta Omar Lara, parte de una institución cultural enorme, es muy diferente al resto de los salones. Con la misma sorpresa que el personaje G. H entra a la habitación de su criada, entro a la Corporación Artistas del Acero, con la idea de que las escaleras llevan a otro edificio, a otro espacio que no pertenece a ese lugar. La verdad es que la librería de Omar, no está en ese edificio ni tampoco fuera de él, pertenece a un territorio que poco tiene que ver con estructuras rígidas, es un espacio que ha devenido isla. Y lo mismo me atrevo a decir del poeta y su poesía.

Devenir isla, implica capturar algo de ella sin perder lo que ya se posee. En el caso de Omar Lara, de su poesía, su cualidad de ser a la misma vez el adentro y el afuera, no ser uno ni otro, pasar entre, característica que más puede asociarse a ciertos tópicos, a imágenes que la isla ha instalado y que pueden definirla más allá de la geografía, y que deja entrever “un modo peculiar de enfrentar la existencia”, “una mentalidad”, “una manera de encarar el cosmos”. Se hacen referencias al “insularismo psicológico que acomoda al ser humano a lo rutinario y a lo estático” (Álvarez y Mateo 89-92), del mismo modo se habla del más ancho de los horizontes, que sugiere constantemente la libertad, para finalmente aceptar que la isla no es sino un espacio de “dudosa existencia” como también reconocen Álvarez y Mateo

(92) y puede reconocerse en la poesía de Lara, una existencia que se percibe atractiva, sugerente, en ese sitio que atraviesa lo aparentemente opuesto.

La investigadora Zenaida Suárez, estudiosa de la obra de Omar Lara, ha establecido su comunicación con la poesía lárica. “La poética de la añoranza, de saudade sería mejor decir, que lleva a cabo Omar Lara a lo largo de toda su trayectoria poética, le ha valido el calificativo de poeta lárico”. La autora encuentra lazos de comunicación de la poesía de Omar con las palabras de Jorge Teillier donde trata de definir las características de la generación lárica en la poesía chilena:

Frente al caos de la existencia social y ciudadana, los poetas de los lares […] pretenden afirmarse en un mundo bien hecho, sobre todo en el mundo del orden inmemorial de las aldeas y de los campos, en donde siempre se produce la misma segura rotación de siembras y cosechas, de sepultación y resurrección, tan similares a la gestación de los dioses (recordemos a Dionisio) y de los poemas (48).

Niall Binns, por su parte, en el texto “Composición y recomposición del lugar en la poesía de Omar Lara”, considera que hay afinidad con el larismo de Teiller pero “no es un larismo al estilo de Jorge Teillier” (27).

Para estas páginas las definiciones no son importantes, sin embargo, en la mirada al poeta no se descubren relaciones con la siguiente postura:

A través de la poesía de los lares yo sostenía una postulación por un “tiempo de arraigo”, en contraposición a la moda imperante e impuesta por ese tiempo, por un grupo ya superado, el de la llamada generación del 50, compuesto por algunos escritores más o menos talentosos, por lo menos en el sentido de la ubicación burocrática, el conseguir privilegios políticos, el iniciar empresas comerciales, representantes de una pequeña burguesía o burguesía venida a menos. Ellos postulaban el éxodo y el cosmopolitismo llevados por su desarraigo, su falta de sentido histórico, su egoísmo pequeño burgués. De allí ha nacido una literatura que tuvo su momento de auge por la propaganda y autopropaganda, pero que, por frívola y falta de contacto con la tierra, por pertenecer al oscuro mundo de la desesperanza ha caducado en pocos años (Teillier, Sobre el mundo 283).

El propio Omar, en una entrevista, declaró que perteneció a un grupo que creía en la tradición y nunca optó por un rupturismo gratuito o por la pretensión de establecer una poética competitiva (Arias, s.n.).

Nosotros –declara Omar Lara– nos atrevíamos a hablar de una poesía chilena con determinadas características, como una línea verificable un poco antes de los poetas ya más reconocibles, desde los grandes poetas, y no pretendíamos romper esa tradición o transformarnos en creadores adánicos, pues asumíamos ese pasado nuestro (Bianchi 32).

El grupo Trilce fue isla con respecto a la urbe, no por rechazarla, sino por derecho propio a escribir desde las ciudades que los habían visto nacer, crecer y amar la poesía. Para algunos la provincia puede considerarse una posición menos favorable, pero yo no sabría explicar para qué en relación con los versos. Escribir desde la provincia posibilita una mirada diferente. Omar Lara ha declarado que para él la poesía es la mirada (Arias, 2012) y estar en la provincia, contrario a la más usual actitud de resentimiento, lo dotó de una sensibilidad particular, la que impulsa a Binns a escribir: “Después de tanta “tradición de la ruptura” y tanta necesidad de matar al padre, a la madre y a todos los hermanos, llegó un remanso de paz a la poesía chilena” (20).

En el año 1973, año del Golpe Militar, se desintegra el Grupo Trilce. Retomo a Binns cuando escribe que, a partir de ese momento, Omar “supo ir construyendo, de poema en poema, una voz más personal” (24). El poeta sureño, se aisló de grupos literarios –no por decisión propia sino por contingencias históricas–, de procedimientos poéticos, de lo mediático, lo que pudo haberlo ensombrecido, alejado, convirtiéndolo, como dice Iván Ivanovici, en uno de los ignorados (149). Esa aparente involución, pobló su poesía: “enunciado tenue, reposado […], soliloquio sutil de voces y susurros” (Fierro 9) y lo convirtió en voz insólita dentro del horizonte poético de inicios de este siglo (Concha 213). Rareza que ha estado marcada por su sobriedad, que más que recurso, es devenir.

Esta no es una idea nueva. Mario Rodríguez10 había anunciado el “devenir imperceptible” de la poesía de Omar:

De ahí lo que la crítica ha llamado contención en la poesía de Omar Lara es, en verdad, un “devenir imperceptible” en el que el poeta se confunde con el mundo, se viste de los colores del mundo, lo que quiere decir que no lo reconocen en la calle como el POETA con mayúsculas, el vate; logra pasar inadvertido, incluso de los vecinos. Y este es un rasgo clave del poeta Omar Lara. Él no se esfuerza por pasar inadvertido, porque su poesía es de una sobriedad admirable, una suerte de ascesis que elimina lo que resalta demasiado, lo excesivamente vistoso (135).

Eso insólito e imperceptible de su escritura se comprende como “una especie de lengua extranjera” (Deleuze y Parnet 9). Omar Lara ha conseguido sin proponérselo un estilo, que no es otra cosa que devenir: “volverse cada vez más sobrio, cada vez más simple, cada vez más desierto, y por esa misma razón […] algo poblado”, un algo habitado como esos “lugares y destinos”, “invisibles pero ciertos” que “parecieran estar al otro lado del mapa” (178).11

Invisibles/ciertos. Omar Lara levanta su poesía entre binarismos. Según Deleuze y Parnet: “Así es cómo se esboza un devenir, cómo se pone en movimiento un bloque, que ya no es de nadie, sino que está «entre» todo el mundo, como un barquito que unos niños sueltan y pierden, y que otros roban” (14). Ensayos alrededor de su obra nos ofrecen esa visión cuando refieren: Grandilocuente/ solemne, local/ trasmundano, vivos/muertos, vida/ muerte, viaje/reposo… Pero una isla nunca es un extremo. Desde la ventana de la habitación donde escribe, Omar puede ver la Laguna Redonda: “Ayer había dos cisnes en la Laguna / majestuosos / discretos” (507). ¿Se puede ser majestuoso y discreto a la vez? Entre esas dos circunstancias la isla se establece: entre la majestuosidad que le otorgan sus propias fronteras fijas y la discreción que asume como parte de la totalidad que es el mundo. Virgilio Piñera escribe “la maldita circunstancia del agua por todas partes” (La isla en peso 45); una isla es eso, pero también refugio, distancia con lo horrible, libertad/ encierro.

Omar atraviesa esos binarismos, hace correr el lenguaje entre ellos, se aleja del lenguaje empoderado –hecho que también al decir de Fierro “distingue su proyecto poético de los proyectos caracterizadores de la poesía chilena y especialmente de los de su generación”

(11) – y tartamudea en poemas breves o más extensos, pero en los que las palabras no se atropellan ni se contradicen, sino que crean un lugar, un estado, un efecto otro: “Hechos y cosas reales se volvieron irreales/ y viceversa” (232). Estos versos pertenecen al poema “Recuerdos del futuro”, texto abrumador que nos ofrece una realidad donde es posible recordar lo que aún no acontece, lo que es de por sí paradójico. En ese espacio, los hechos y las cosas abandonan su propiedad de ficticios o existentes, no se ubican en una frontera, sino que crean el territorio del no-olvido, de la infinitud de ciertas palabras.

Uno de los binarismos más arraigados que considero atraviesa el poeta, está relacionado a lo imposible/lo posible. Los poemas de Omar están desbordados del anhelo de ser, tocar, poseer lo observado, ya sea en el pasado, el ahora o el futuro, pero vive en ello una imposibilidad: “barca encanallada / que no llegaba jamás” (223) El único territorio donde se concreta el deseo es el poema: “¿La poesía / para qué puede servir / sino para encontrarnos?” (414). El contacto es posible porque así lo precisa el poema; sacrificarlo todo por el buen verso, incluso la verdad, que nos es develada en instantes como este: “eres mía y te amo / aunque no existas” (178).

Esto conduce a cuestionar la sonrisa. ¿Hay algo más triste que no alcanzar lo deseado?

¿Permanecer soñando con ello?: “Pudimos habernos amado” (202). ¿Algo más sombrío que avanzar al ritmo de un tic tac?: “Me pregunto si llegaré a tiempo” (178). Edson Faúndez declara que la sonrisa es el tesoro que reside en la sobria poesía del poeta de Imperial (87), pero también expone lo que para mí resulta más certero: “Toda la nobleza y grandeza de la poesía de Lara puede explicarse a través de la insistente conjura de un tiempo que aún no ha llegado” (99). Personas, sucesos, estados, lugares que no han llegado y se esperan, porque una isla siempre desea ser otra cosa, sin embargo: “Nadie pasará de un lado / a otro / la isla es una isla / deben saberlo de una bendita vez” (509). Una isla solo puede poblarse de sí misma; en los poemas de Lara la sustancia pueblo, amor, amigos, literatura, historia, son como las carreteras de una isla: no conducen sino a ella, “se habita el mismo lugar” dice Fierro (13); por tanto, el tiempo anhelado jamás llega y todo resulta “prodigio de la imaginación” (205). El poema “Llueve en enero de 1973 en Valdivia”, del libro Oh buenas maneras12 , es lúcido en este sentido:

Tras las ventanas de aquella casa
se mueven sombras que parecen manos:
pareciera que alguien viene llegando.
No se engañe, son hojas de nalca, heridas,
mordidas por los bichos (85).

No se engañe, lector, son solo hojas, en realidad nadie se acerca, nadie llega, como el poeta tampoco rema a ningún sitio. En el poema “Madre, yo sé que nada” el sujeto desea: “Vámonos madre vámonos” (259), desea al abuelo, desea regresar a un tiempo, pero la dicha de salir a navegar ocurre solo en el espejo. Ya sabemos que lo reflejado no existe: “si tuviera ese río” (259); no existe el cauce, no existe el yo que rema ni la isla del Sueño, existe la noción de sí mismo como isla. Una isla nunca es un extremo, no es remanso ni infierno, es semisonrisa, mueca, indefinición: “Yo remo en ese espejo/ hacia la Isla del Sueño / donde me pierdo y me hallo / donde me hallo y me pierdo”. (260)

He intentado mostrar algunas carreteras que distingo, esas por las que se camina sin salir, pero que conducen al libro único al que se ha referido, único e insistente: “Los caprichos de la vida y sus contradicciones, tan propias de lo humano, lo han dividido, fragmentado, nominado en título diversos, pero siempre ha sido un solo texto”, como apunta Fierro (7). Permita este texto despertar la curiosidad por la obra de un poeta de pueblo, que reverencia lugares, instantes insospechados, intrascendentes, y los estampa en tarjetas postales, que luego serán abandonadas; un poeta que sabe que nada se construye en soledad, y menos la poesía, por eso puebla de nombres y diálogos sus poemas, y porque le interesa permanecer a través de los otros; un poeta sin miedo a los poemas de amor, a declarar su derrota (derrota gloriosa en el poema), que a los 79 años le permite seguir haciendo lo que considera más importante: escribir: vivir.

 

Obras Citadas

 Álvares, Luis y Mateo Margarita. El Caribe en su discurso literario. Santiago de Cuba: Editorial Oriente, 2005.

Arias, Francisco. “No cometer la insensatez de decir que el premio nacional no me interesa”. The Clinic, 3 de septiembre de 2019. Recuperado de https://www.theclinic.cl/2012/07/25/ no-cometer-la-insensatez-de-decir-que-el-premio-nacional-no-me-interesa/.

Bianchi, Soledad. La memoria: modelo para armar. Santiago de Chile: Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, 1995.

Concha, Jaime. “Omar Lara: la nueva frontera”. La casa del poeta no tiene llave. La poesía de Omar Lara. Puebla: Circulo de poesía, 2011. 206-213.

Deleuze, Gilles y Guattari Félix. Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Valencia: Pre- Textos, 2002.

Deleuze, Gilles y Parnet Claire. Diálogos. Valencia: Pre-textos, 1980.

Faúndez, Edson. “Omar Lara y el sueño de la sonrisa en Portocaliu.” La casa del poeta no tiene llave. La poesía de Omar Lara. Puebla: Circulo de poesía, 2011. 87-101.

Fierro Bustos, Juan Manuel. “Nohualhue. Ida y vuelta. La llave de la memoria”. Omar Lara, Nohualhue. Ida y vuelta. Poesía 1964-2016. Temuco: Ediciones Universidad de la Frontera, 2017, 7-13.

Ivanovici, Iván. “La poesía de Omar Lara”. Atenea 469, (1994): 149-156.

Lara, Omar. Nohualhue. Ida y Vuelta. Poesía 1964-2016. Temuco: Ediciones Universidad de La Frontera, 2017.

Binss, Niall (2011). “Composición y recomposición del lugar en la poesía de Omar Lara”. La casa del poeta no tiene llave. La poesía de Omar Lara. Puebla: Circulo de poesía, 2011. 19-29. Piñera, Virgilio. “La isla en peso”. Virgilio Piñera. Poesía y crítica, compilación y prólogo de Antón Arrufat, México: Cien del Mundo, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1994. 45-57.

Rodríguez, M. (2011). “La poesía de Omar Lara es como la hierba del Sur que crece entre las grietas del pavimento”. La casa del poeta no tiene llave. La poesía de Omar Lara. Puebla: Circulo de poesía. 2011. 133-143.

Suárez, Zenaida. Los muertos pasean desnudos o la poética de la añoranza de Omar Lara.

Recuperado de https://www.escritores.cl/, 2020.

Teillier, Jorge. “Los poetas de los lares”. Boletín de la Universidad de Chile, (1965): 48-62.

                . “Sobre el mundo donde verdaderamente habito”. AISTHESIS: Revista Chilena de Investigaciones Estéticas, V (1970): 279-284.

Información sobre la autora

Liany Vento García

Cubana, actualmente afiliada a la Universidad de Concepción, Chile. Omar Lara (1941), poeta chileno, fundador y principal impulsor del grupo y la revista de poesía Trilce, aparecidos en Valdivia en 1964 bajo el alero de la Universidad Austral de la misma ciudad. Además de producir una de las obras más importantes de su generación, Omar Lara ha contribuido al conocimiento de la poesía chilena en Rumania y de la poesía rumana en nuestro país, al traducir poetas como Marin Sorescu y Mihai Eminescu. Entre sus obras vale destacar Argumento del día (1964), Los Enemigos (1967), Serpientes (1974), El viajero imperfecto (1979), Fugar con juego (1984), Jugada Maestra (1998) y Voces de Portocaliu (2003). Entre muchos importantes premios ha recibido el de la Casa de las Américas de Cuba en 1975, el Premio Internacional Fernando Rielo (1983) por sus trabajos de traducción, la Medalla Mihai Eminescu en Rumania (2001), la Medalla presidencial Centenario de Pablo Neruda (2004) y el año 2007, el VII Premio Casa de América, de España con su libro: Papeles de Harek Ayun. (Información recuperada de http://www. memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-94399.html). 

 Personaje narrador en la novela de Clarice Lispector La pasión según G. H (1964).

 “Entre las cosas no designa una relación localizable que va de la una a la otra y recíprocamente, sino una dirección perpendicular, un movimiento transversal que arrastra a la una y a la otra, arroyo sin principio ni fin que socava las dos orillas y adquiere velocidad en el medio” (Deleuze, Guattari 29).

De Un verano en Tenerife (1958) de Dulce María Loynaz (Cit. en Álvarez, Mateo 93).

Texto no publicado, leído en la presentación de antología de la poesía de Omar Lara “Los muertos pasean desnudos” (2020) de Mago Editores.

Obras literarias relacionadas

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Fernando Vérkell