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Revista Zur / Volumen 3 N°1 / Noches de fiebre e insomnio
Revista ZUR - Volumen 3, N°1
Narrativa

Noches de fiebre e insomnio

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“Despedida” de : Sara G. Umemoto.

Fecha

01 Julio 2021

Autor

César Cortez

01 Julio 2021

Mientras atravesaba la ciudad en su coche, pensaba a medias tratando de no distraerse del camino. La solitaria vista de las calles de la ciudad hacía contraste con todos los pensamientos que revoloteaban en su cabeza.

Le atormentaba tanto la incertidumbre como la total certeza de que tiempos difíciles se avecinaban. Durante un segundo echó un vistazo al semáforo que estaba dos calles adelante, sabía que no llegaría a tiempo antes de que este cambiase a rojo. Empezó a desacelerar el vehículo. Ya con el coche totalmente quieto, se dedicó a esperar el cambio de luces. Miró hacia ambos lados de la carretera.

Soledad.

Considero la posibilidad de avanzar aún con la luz roja, pero descartó la idea. Ya para entonces la ansiedad había tomado el control. Pensó en sus padres. Un par de ancianos, casados, viviendo solos en una pequeña casa al otro lado del país. Pensó que quizás estarían asustados. Pensó en su padre, que estaría leyendo el periódico o viendo las noticias mientras maldecía al gobierno por su ineptitud. Su madre estaría ocupada con alguna actividad recreativa o con el aseo del hogar. Ambos sin poder salir de casa.

Pensó en su familia y en sus amigos, en el presidente y en el gobierno, en los médicos y los hospitales. Pensó en la economía y en el mercado, en la crisis y el desempleo. Pensó en Dios y en Nostradamus. También pensó en los estoicos y en los budistas, que probablemente lo estarían llevando mejor que él. Pensó en las calles sin peatones. Pensó en acelerar, acelerar sin detenerse, con las manos al volante y con el pie en el acelerador a fondo. “¿Qué sucede cuando enfrentas un cuerpo imparable contra un objeto inamovibl…?”

La luz cambió a verde.

Ya con la mente más despejada fue conduciendo hacia su casa, dejó el coche parqueado y sacó las compras que había hecho esa tarde. Antes de llegar a la entrada vio a un gato gris olisqueando una caja vacía, probablemente buscando algo que comer. Lo había visto antes, siendo perseguido por perros, cazando aves y maullando a los extraños. Intentó acercarse para acariciarlo, pero de inmediato el gato reaccionó. Ambos se quedaron inmóviles, mirándose en silencio como si no hubiese nada decir, solo para que el gato terminase desapareciendo, escapando hacia una zona inaccesible.

Él, mientras tanto, se acercó a la puerta, sacó las llaves y entró. Dejó las compras en el comedor e inmediatamente se sentó en el suelo, recostando su espalda contra la pared y lentamente estirando sus piernas en el suelo. Abatido por la vida y por su propia desolación. El cansancio le había ganado está vez y, sin darse cuenta, se quedó dormido.

Momentos más tarde un gato gris salió de una de las habitaciones y saltó ágilmente sobre la mesa del comedor, olisqueó la bolsa de la compra, pero pasó de ella. Bajó de la mesa y se acercó lentamente al humano. Sin despertarlo se acomodó en su regazo y allí durmió. Su ronroneo era lo único que podía escucharse en esa habitación.

Información sobre el autor

César Cortez

Nacido el 16 de octubre del año 2000, es venezolano, tiene 19 años y actualmente residente en Colombia.

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